En busca de la casa de Belas y Tegui

Casa de Belas y Tegui

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Había una vez, en un pequeño pueblo de Navarra llamado Eulz, dos niños llamados Belas y Tegui que eran muy aficionados a la naturaleza. Les encantaba pasar el tiempo en el monte Belástegui, explorando sus senderos, admirando sus paisajes y descubriendo sus secretos.

Un día, mientras paseaban por el monte, Belas y Tegui encontraron una casa abandonada. La casa estaba en muy mal estado, pero los niños se quedaron fascinados con ella.

Decidieron arreglarla y convertirla en su refugio secreto.

Durante los siguientes días, Belas y Tegui trabajaron duro para restaurar la casa. También plantaron flores en el jardín y construyeron un pequeño huerto.

Cuando la casa estuvo lista, Belas y Tegui la llamaron «La Casa de la Naturaleza» y llamaron a los niños del pueblo para que fueran a verla. Era un lugar perfecto para relajarse y disfrutar de la naturaleza. Los niños pasaban horas jugando en el jardín, observando los animales y explorando los alrededores.

La excursión fue un éxito. Los niños se quedaron encantados con la casa y con la naturaleza que la rodeaba. Belas y Tegui les contaron muchas historias sobre los árboles que eran encinos y que su fruto es la bellota y que se la comen los animales. También les hablo de los animales del monte (conejos, jabalíes, osos, gatos, buhos, lechuzas…). Les dijo que miraran por los alrededores, por los árboles, para ver distintos animales que les hacían compañía.

Al final de la excursión, los niños decidieron ayudar a Belas y Tegui a cuidar la casa y el monte. Se comprometieron a no tirar basura, a respetar a los animales y a cuidar las plantas.

Belas y Tegui estaban muy contentos. Sabían que, con la ayuda de los niños, podían hacer del monte Belástegui un lugar aún más especial.

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